24 abril 2007

le fabuleux destin...

es la tercera vez que Nina ve Amelie y siente que no puede existir en el mundo deleite tan inmenso como la magia. Decididamente esta película es una de sus debilidades. A Nina le fascina la sencillez de las costumbres de Amelie Poulain, como hundir las manos en las semillas -algo que Nina suele hacer a veces, sobre todo en las lentejas; menos comerlas cualquier cosa-, guardar piedritas para luego arrojarlas al río como sapito -algo que Nina jamás podrá hacer- o las formas de Amelie para ayudar a la gente. De repente Nina piensa que muchas veces olvidamos la felicidad que hay en esas pequeñas cosas que hacemos todos los días, justamente por eso... ¿cuánta felicidad puede caber en algo tan sencillo? tal vez Nina todavía no lo sepa pero creo que de a poco se irá dando cuenta de todo esto. son las sensaciones que le provocan los colores, la música, las texturas, la poesía que tienen las historias y la forma en que son contadas lo que seduce a Nina. Porque como en la poesía, la verdadera historia transcurre en el corazón de los personajes más que en sus actos. La ternura de Amelie la conmueve hasta la médula y lo reconoce sin miedos. Nina adora que Amelie se sienta atraída por un desconocido que colecciona fotografías olvidadas en una cabina del subterráneo para reconstruirlas amorosamente y pegarlas en un álbum. A Nina ésto le parece encantador porque es la unión perfecta de dos seres igualmente soñadores que aún desconociendose terminan enamorándose mágicamente. Aunque a veces es un poco ilusa, Nina se confiesa una terrible creyente de este tipo de historias de amor. Sin quererlo, algunas veces se sorprende en acitudes y pensamientos que son un tanto "Amelie". Y la sorpresa suele ser para bien porque descubre que son perfectamente compatibles con ella. Pero sabe que Nina no es Amelie. antes de dormirse vuelve a proyectar en su mente una de las escenas de la película que más le gusta: Amelie totalmente paralizada detrás del vidrio mientras Ninno se da vuelta y le pregunta si la de la foto es ella. Ninno desilucionado, saliendo por la puerta de Los dos Molinos. Amelie ridículamente deshecha de amor por él, diluyéndose como agua. sencillamente precioso.

1 comentario:

amorcúbico dijo...

yo hundo los dedos cómo ella desde pequeñita, cuando ví la película por primera vez no me sentí tan bicho raro al recordar las mañanas y mañanas en las que pasaba por los stands de la feria de los martes en mi barrio (a la que iba con mi abuela) y esperaba llegar al de las bolsas gigantes listas para que yo me deleite cuán amelie poulain.

entonces, yo también, por eso y por unas cuántas cosas más, tendría que decir:

sin querer, algunas veces ME SORPRENDO en acitudes y pensamientos que son un tanto amelie.


un beso!